miércoles, 17 de septiembre de 2008

Poema del perro cojo, de Manuel Benítez Carrasco

Quiero compartir estos dos bellisimos poemas de un poeta Andaluz, Manuel Benítez Carrasco. Es un poco largo pero merece la pena, espero que os gusten.

El perro cojo.


La pata coja colgando,
como una inútil piltrafa,
pasó el perro por mi lado.

Un perro de pobre casta,
uno de esos, callejero,
pobre de sangre y de estampa,
nacen en cualquier rincón
de perras tristes y flacas,
destinados a comer
basura de plaza en plaza.
Si pequeños por el qué,
fino y ágil de la infancia,
baloncitos de peluche,
-tibios borlones de lana-
los miman, los acurrucan,
los sacan al sol, les cantan.

De mayores, por el qué
conque se les fue la gracia,
los dejan a su ventura,
mendigos de casa en casa,
sus hambres por los rincones
y su sed sobre las charcas...

¡Y que tristes ojos tienen! ,
¡Qué recóndita mirada!,
como si en ella pusieran
su dolor a media asta ...
y se mueren, de tristeza,
a la sombra de una tapia
si es que un lazo no les da
una muerte anticipada.

Yo lo llamo: psi, psi, psi...

Todo orejas asustadas,
todo hociquito curioso,
toda sed, hambre, nostalgia,
el perro escucha mi voz,
olfatea mis palabras,
como esperando o temiendo,
pan, caricias o pedradas.
No en vano lleva marcado
un mal recuerdo en su pata.

Lo vuelvo a llamar: psi, psi ... ,

dócil a medias, avanza,
moviendo el rabo con miedo
y las orejitas gachas.
Chasco los dedos le digo:
ven aquí, no te hago nada,
vamos , vamos, ven aquí...
Y adiós a la desconfianza.
Que ya se tiende a mis pies,
a tiernos aullidos habla,
ladra para hablar más fuerte,
salta, gira, gira, salta,
lloran, ríen, ríen lloran,
lengua, orejas, ojos, patas
y el rabo es un incansable
abanico de palabras.

Es su alegría tan grande
que, más que hablarme, me canta.
¿Qué piedra te dejó cojo...?,
si, si ¡malhaya, malhaya!

El perro me entiende, sabe
que maldigo la pedrada:
aquella pedrada dura
que le destrozó la pata
y con el rabo me está
agradeciendo la lástima.
- Pero tú no te preocupes,
ya no ha de faltarte nada.

Yo también soy callejero,
aunque de distintas plazas
y a patita coja y triste,
voy de jornada en jornada.
Las piedras que me tiraron,
me dejaron coja el alma.
Entre basuras de tierra
tengo mi pan y mi almohada ...

Vamos pues perrito mío,
vamos ¡anda que te anda!,
con nuestra cojera a cuestas
con nuestra tristeza en andas;
yo, por mis calles oscuras,
tú por tus calles calladas,
tú la pedrada en el cuerpo,
yo la pedrada, en el alma ...
y cuando mueras amigo,
yo te enterraré en mi casa,
bajo un letrero: - aquí yace,
un amigo de mi infancia -

Y en el cielo de los perros,
pan tierno y carne mechada,
te regalará San Roque,
una muleta de plata.
Compañero, si los hay,
amigo, dónde los haya,
mi perro y yo por la vida,
pan pobre, rica compaña.

Era joven y era viejo,
por más que yo lo cuidaba,
el tiempo malo pasado
lo dejó medio sin alma,
fueron muchas hambres, mucho
peso para sus tres patas.

Y una mañana, en el huerto,
debajo de mi ventana,
lo encontré, tendido, frío,
como una piedra mojada ...
Como un duro musgo, el pelo
con el rocío brillaba.
Ya estaba mi pobre perro
muerto de las cuatro patas.

Hacia el cielo de los perros,
se fue, anda que te anda,
las orejas de relente
y el hociquito de escarcha.

Portero y dueño del cielo,
San Roque en la puerta estaba,
ortopédico de mimos,
cirujano de palabras,
bien surtido de recambios
con que curar viejas taras:
- Para ti... un rabo de oro;
para ti... un ojo de ámbar;
tú... tus orejas de nieve;
tú... tus colmillos de escarcha;
tú ... - y mi perro le reía - ,
tú, ... ¡tu muleta de plata!

Ahora ya sé, por que está
la noche agujereada,
¿estrellas? , ¿luceros? ¡ No !
es mi perro que cuando anda,
con la muleta va haciendo,
agujeritos de plata ...


El niño, el perro y el milagro.

Por el cielo de los perros va, mi perro cojo con su muleta de plata.
Junto al cielo de los perros, un cielo lleno de acacias y de niños y de madres; y de cantos y de alas.

Pero había un niño triste; cara de ausencia y nostalgia; siempre solo, siempre serio; a punto siempre de lágrimas.

Un niño con una mano; inútil, seca, sin alma,
ay que infierno diminuto, era aquella mano lacia.

Desde su cielo, el niño, siempre asomado a la tapia, miraba a mi perro cojo y al mirarlo recordaba...

Un día en una placeta, un perro de pobre casta, una apuesta de buen tino, un silbido una pedrada...y un aullido que se aleja...y un perro, rota una pata.

¡Que frío remordimiento, sentía en su mano lacia!

Mientras tanto, en su cielo, mi perro jugueteaba, con una angelillo cojo, que era el ángel de su guarda.

Hasta que un día jugando, llegaron hasta la tapia, donde estaba el niño triste, a punto siempre de lágrimas.

Dejó de jugar mi perro, con su ángel de la guarda; se quedó quieto un momento, las orejas afiladas, luego afianzó la muleta, se apoyó sobre la tapia; Miró atento al niño, con una larga y antigua mirada, y el perro mirando al niño; recordaba, recordaba...

Un día en una placeta, hambre y sed en su garganta, un niño, la mano en alto; un silbido, una pedrada...y un golpe en su carne y sangre; sangre y dolor en su pata.

Pero los perros no saben, de rencores ni venganzas, por eso mi perro cojo, olvidando la pedrada, se echó atrás, tomó carrera, salvó de un salto la tapia.

Multiplicando mimos y abanicando palabras; con los ojos, con los dientes; con el rabo, con las patas; empezó a lamer la mano, inútil, seca y sin alma.

La lengua del perro fue, para aquella mano lacia; como un regreso de vida, como un reguero de savia, y los tendones muertos, de pronto resucitaban.

Satisfecho del milagro, rabo alegre, orejas gachas
regresó el perro a su cielo, pura cojera de gracia.

El niño le dijo adiós, y al despedirlo lloraba, abanicando en el aire, la mano resucitada. Y el perro le dijo adiós, con su muleta de plata.


Manuel Benítez Carrasco 1/12/1922- 26/11/1999

Nació en Granada, considerado uno de los cien granadinos del Siglo XX. Desde 1955 es figura inseparable de Hispanoamérica: Cuba, Argentina, Chile, Uruguay, Perú, Colombia, Ecuador, Puerto Rico, Estados Unidos y muy especialmente México, donde pasó gran parte de su vida. En 1998 fué nombrado "Hijo Predilecto de la Ciudad de Granada" dedicándosele en ese mismo año, una importante avenida en el barrio de La Oliva en Sevilla.


Fuente:www.mascotamigas.com

3 comentarios:

Cristina dijo...

Que preciosidad de poemas, ¡gracias!
Cristina Muro

Dani Pardos dijo...

Casi no los termino, en especial el primero. Me han encantado.

Richard y(Sony-Tessa-Lucky) dijo...

Emocionante...y en este caso...lo bueno...siendo largo...tres veces bueno;)