miércoles, 25 de agosto de 2010

¿Reforzamos correctamente?

Es posible que en algún momento determinado el trabajar en positivo o en base a refuerzos lleve a la confusión o se mal interprete como que es repartir a diestro y siniestro salchichas, achuchones y demás…. Y no medir en ningún momento cuándo se da el refuerzo, con qué intensidad y el valor que supone dicho refuerzo para el perro en cuestión. A parte por supuesto de eliminar toda una inmensa serie de refuerzos "ocultos" que les otorgamos y que se producen en su mayoría de forma "inocente", sin ninguna mala intención (más bien con la mejor de las intenciones), pero con nefastas consecuencias para el aprendizaje "correcto" del perro.

Es costumbre habitual ver adiestradores-educadores-entrenadores reforzando constantemente sin estar sujetos a un criterio determinado y sin tener en cuenta una de las más importantes herramientas, sino la mejor, con las que contamos en el adiestramiento: EL SENTIDO COMÚN.

Creo, y esto es una opinión muy particular, que para que nuestros refuerzos sean eficaces y cumplan con el objetivo de que el perro aprenda y ejecute correctamente el comportamiento deseado, hay que elegir acertadamente "cómo", "cuándo", con qué intensidad reforzamos y el valor que supone para el perro el refuerzo utilizado. Con refuerzo me refiero a cualquier tipo de refuerzo, ya sea una salchicha, refuerzo social, algún otro refuerzo externo o una mera prestación de atención. Para esto necesitamos saber qué es lo que realmente refuerza a nuestro perro para aprender y consolidar un comportamiento correcto. Quiero hacer hincapié en esto, porque todos hemos observado en alguna ocasión como un refuerzo apetitivo no gozaba del interés necesario, como un intento de refuerzo social por parte del guía al perro…. simplemente no lo era, cómo algún tipo de juego no llegaba a las expectativas del perro, o cómo un perro aburrido aprende a captar atenciones con malos comportamientos, visto desde nuestro prisma. Pero todo esto sería otro tema para tratar largo y tendido y prefiero centrarme ahora en la importancia de NO “reforzar por reforzar”.

Algo que me gusta es tener en cuenta qué objetivo busco a la hora de trabajar cualquier ejercicio. Si busco algo más conceptual, técnico o que requiera una estabilidad emocional para que las respuestas por parte del perro sean más producto de un aprendizaje más cognitivo que de una mera mecanización, lógicamente tendré que transmitir esto, no solo con el tipo de refuerzos sino con la manera que tenemos de expresarnos con los perros, evitando una euforia desmedida (aunque sí es importantísimo transmitir nuestro agrado) que desate un descontrol por parte del perro y mucho menos transmitir nuestra frustración (cosa que ocurre desgraciadamente de forma habitual), lo que provoca consecuentemente la frustración del perro... el bloqueo emocional y por supuesto la incapacidad para continuar con el aprendizaje, sin mencionar las secuelas que pueden acompañar en la futura ejecución del ejercicio. Esto también se ve en muchos hogares, protectoras, núcleos zoológicos, etc. Que la mayoría de las personas nos desentendemos o no damos prioridad a las necesidades emocionales del perro y nos volcamos en las nuestras, que en estos casos son: Gritarles como locos lo mucho que les queremos, achucharles sin tener en cuenta lo que se está o no trabajando con el, crear histerias colectivas en cheniles.

Y siempre …..COHERENCIA. En el caso de que varias personas trabajen con un mismo perro (como suele ser en la mayoría de los casos), ha de existir un consenso de cómo, cuándo y qué se va a hacer. Esto es algo que si no tenemos en cuenta puede llevar a un estrés innecesario o a una frustración por parte del perro que merme las ganas de colaborar con los guías y active la búsqueda de otros refuerzos externos que nos pasen a un segundo plano. Y hay que tener muy en cuenta, que a no ser que vivamos en un bosque, solos con nuestros perros…. El adiestramiento de este no se basa nunca en una sola persona. O en el extremo opuesto tendríamos a quienes no permiten que toque, mire o hable a su perro, que también los hay.

También tendemos a crearnos hipótesis de cómo y que está pensando el perro en determinadas ocasiones (algo que por supuesto es inevitable, puesto que lo único que podemos hacer es "interpretar" en función de lo que "percibimos"), y reforzar o no en consecuencia. Y no podemos olvidar los peligros de actuar en función de nuestras interpretaciones, sobre todo si son incorrectas. Si en ocasiones nos cuesta saber que pensamos nosotros, me cuesta creer que tan acertados seamos en los pensamientos de otros y para más “INRI” sin ser de nuestra especie. Con esto no quiero decir que dejemos de observar e intentemos conocer y apreciar el lenguaje y las señales que nos mandan continuamente. Simplemente que seamos cuidadosos y reforcemos lo que sea claro, que no dé lugar a duda, paso a paso, sin querer correr. Los milagros solo ocurren en la tele…. Y son mentira. Siempre recordaré una frase de un compañero que decía: “lo fácil que es que aprendan cuando te equivocas y lo que cuesta que aprendan lo que realmente queremos”. Todos hemos visto y vivido en alguna ocasión las consecuencias de un mal timing.

Llegando a una conclusión final, en ningún momento quiero que se interprete que no se debe dar cariño, premios y refuerzos a nuestros amigos y compañeros. De hecho tampoco digo que se deba pedir siempre algo a cambio, de igual manera que no lo hacemos con nuestros seres queridos humanos, pero sí que se intente tener en cuenta siempre y se controle la gran mayoría de los recursos y refuerzos que rodean la vida del perro, para que de esta manera podamos ofrecérselos en el mejor momento, mantener la calidad del refuerzo y poder crear una relación sana plena de entendimiento. Si no les explicamos lo que queremos difícilmente lo harán. Ellos son fantásticos tal y como son pero una buena convivencia siempre ha de estar basada en el respeto y en un buen entendimiento. Existen normas en todas las sociedades y deben ser cumplidas, lo que marca las diferencias es “el cómo” se enseñen.

Si lo pensamos con frialdad, nuestra vida y lo que hacemos se rige por los refuerzos recibidos (internos y externos), y estos marcan nuestras conductas, estados emocionales, lazos sentimentales, vinculaciones, etc. Todas y cada una de las acciones que realizamos a lo largo del día son por y para algo.
NADA SE HACE POR NADA.

7 comentarios:

Jane Kelsall dijo...

Culpable!

Jane Kelsall dijo...

Cuando leí "Llegando a una conclusión final" a mitad del artículo, pensé: "vaya conclusión! Si es más larga que el resto del artículo!" Pero es que lo has puesto 2 veces macho!! ;)

Apuestokid dijo...

Muy bueno Dani!!! me ha encantado la frase "Si no les explicamos lo que queremos difícilmente lo harán."

Dani Pardos dijo...

Upssss ¡¡¡
Si es verdad que lo habia publicado doble....
Arreglado ¡¡¡
;)

HechiAsia dijo...

UUUUU, que tema más complicado has tocado...

Una persona puede interpretar una forma sistemática de refozar y otra, sin embargo, le puede parecer esas conductas no las más adecuadas para ser premiadas.

Pero es cierto y llevas mucha razón cuando dices que hay que comprender qué valor lleva cada refuerzo y cuál es su finalidad.

En Valencia, me preguntaron cómo reforzaba cuando trabajo grupos de 2 ó 3 perros, se quedaron asombrados de cuales son mis criterios, muy distintos de cuando trabajo solo un perro.

Gracias Dani por compartir un texto tan necesario de analizar.

Un abrazo

José Luis dijo...

Me parece muy interesante, pero dado los comentarios muy acertados por parte de todos solo felicitarte y podemos empezar a reflexionar........!!!Un saludo

Juan Collado dijo...

Muy bueno Dani,como siempre...