sábado, 1 de diciembre de 2007

"EDUCAR-ADIESTRAR"

Se trata de un magnífico artículo de ELISEO RODRÍGUEZ CARRASCO, que no hay que dejar de leer:

"La Real Academia Española de la Lengua define adiestrar como “hacer diestro (hábil, experto en un arte u oficio), enseñar, instruir”. Su segunda acepción nos mete ya un poco en nuestro tema: “amaestrar, domar a un animal”. Una de las acepciones de educar nos la presenta como “enseñar los buenos usos de urbanidad y cortesía” y cuando define educación nos comenta el diccionario que es un “conjunto de disciplinas y ejercicios encaminados a lograr el desarrollo y perfección corporales”. Tradicionalmente cuando nos referimos a un perro (o cualquier otro animal) se habla de adiestrar o adiestrador.

Hace unos días, en el tiempo muerto entre el fin de una de mis clases y el principio de otra, observaba con atención a un par de niños de no más de 10 años que jugaban en el césped con un cachorro de Golden Retriever que no superaría los 4 meses. El perro corría detrás de ellos, incitado por sus gritos y aspavientos, saltando encima de ellos con frenesí. Los niños se tiraban por el suelo, fomentando que el “perrete” en cuestión se le subiese encima, lamiéndoles la cara y las manos; incluso algún mordisquito se le escapó, claramente influenciado por la excitación del momento. Como suele ser normal en niños de esta edad, los juegos llegaron a un punto de “aburrimiento”, y estos pequeños mozalbetes “inventaron” un nuevo juego con su perro que consistía en cogerle por las patas y llevarlo como si de un saco se tratase. Afortunadamente para el perrito también se aburrieron rápido.

Cuando el dueño de un perro llama a un educador canino, en la mayoría de los casos suele ser porque tiene un problema. Aquel cuyo perro se sienta, se tumba, se queda quieto, acude a la llamada, no da ningún quebradero de cabeza en casa, no pide los servicios de una empresa de adiestramiento. ¿Cuándo aparecen estos problemas de convivencia? En una gran mayoría de los casos es en la fase o periodo de madurez, que puede encuadrarse aproximadamente a partir del primer año de vida. El comentario suele ser siempre más o menos el mismo cuando aparece un problema por vez primera: “comenzó a comportarse así de repente, de un día para otro”.

La mayor parte de los problemas son reforzados por el dueño en su etapa de cachorro. “Es que era muy gracioso que se subiera al sofá…”, “le gustaba mucho subirse a mis piernas y yo le hablaba y le acariciaba…” son ejemplos muy claros y que se repiten con asiduidad. Lo que no se piensa en ese momento es que ese tierno, agradable, mimoso y pequeño cachorro de 3 meses, en breve, se convertirá en un adulto grande y fuerte que seguirá subiéndose al sofá (adueñándose de él), a su dueño y al que pille por delante, con el riesgo que ello conlleva.

Educar, es decir, “poner unas pautas disciplinarias y ejercicios encaminados a lograr el desarrollo y perfección corporal”, es básico e indispensable desde el comiendo de nuestra relación con el perro. Esta educación está íntimamente ligada al adiestramiento, básico en el caso más frecuente, que nos va a permitir tener el máximo control posible sobre las acciones de nuestro amigo. Debemos ponerle una serie de reglas obligatorias en su cumplimiento y fomentarlas desde el mismo momento en que entramos por la puerta de casa con nuestro nuevo compañero. Conseguir una conducta higiénica correcta en casa, premiando cuando evacua en el lugar adecuado, premiarle aquellos comportamientos correctos dentro del domicilio, instaurar unos horarios lo más regulares posibles para comer, acostumbrarle a quedarse solo en casa de forma lo más progresiva posible…, son algunas de las pautas que deberemos enseñarle al perro.

En el ejemplo que he comentado al comienzo de este artículo sería conveniente educar en un principio a estos niños sobre cómo deben jugar con su cachorro, qué deben fomentar y cuales son las acciones que deben ignorar o corregir (fomentar una boca blanda, que no sea brusco ignorándole si lo es…), cómo deben hablarle (no ser demasiado imperativos, no gritar, usar tonos agradables…), cómo deben tocarle (no ser bruscos, acariciar a favor de pelo, premiar cuando le toquemos y esté tranquilo…) e incluso podríamos involucrarlos en un pre-adiestramiento, con lo que el vínculo entre ellos se afianzaría enormemente.

Todo este trabajo es básico, fundamental e importantísimo para que dentro de un año (o quizá menos) no tengamos un perro hiperactivo, sin educación y problemático que acabe por destruir las ilusiones que teníamos para con nuestra mascota y que tenga como consecuencia que la relación perro-dueño-perro se vea seriamente afectada.

Dejando a un lado el trabajo deportivo que realizo, y en mi modesta opinión, seguiré diciendo que soy y me considero un Educador Canino.

Eliseo Rodríguez Carrasco"


MUCHAS GRACIAS ELISEO

2 comentarios:

Noa dijo...

Me a parecido muy bueno y que dice muchas verdades.

Es un buen artículo para aquellas personas que están pensando en tener un perro, ya que les da una ligeras nociones de que deben informarse para que haya una buena relación perro-dueño dueño-perro.

Aitziber & Tessa & Sony dijo...

Porque la mayoría de los padres piensan que el perro es un "juguete" más de sus hijos?
Se debería proponer a los colegios hacer una jornada en todos los cursos, para que los niños aprendan a tratar a los perros y así conociéndoles no cometerían tantos errores.
Hace unas semanas, estando en la calle con mis 2 perros, se nos acercó un niño. Se quedó mirando a mi perra (doña mieditos, sobre todo pánico a los niños) a un metro de distancia y no se le ocurre otra cosa que ponerse a ladrar (el niño,jeje). Muy graciosito el niño de 3 años, pero claro la culpa no es suya. En plan de broma le digo: "Anda que como te ladre ella a ti, entonces sí que te vas a asustar". La respuesta de la chica que le cuidaba (porque no era la madre, para más inri) fue reirse y decir: "pues si, se asustará".
Sin comentarios.
Por suerte, mi perra ni se asustó ni ná de ná, también que la estaba distrayendo yo continuamente, pero podía no haber sido así y entonces la culpa hubiera sido se ella, seguro.
Gracias por tus artículos Eliseo.